Lavanda (Lavandula angustifolia): historia, mitología y propiedades medicinales de la flor del Mediterráneo

Lavandula angustifolia es mucho más que una fragancia: es una planta con dos mil años de historia documentada que va desde los baños romanos hasta los ensayos clínicos modernos sobre la ansiedad. Esta monografía recorre su taxonomía, su tradición cultural y la ciencia que respalda —con matices— su fama de planta calmante por excelencia.


Nombre científicoLavandula angustifolia Mill.
Familia botánicaLamiaceae
OrigenCuenca mediterránea occidental
Parte medicinalFlores y sumidades floridas; aceite esencial
Compuestos claveLinalol, acetato de linalilo, 1,8-cineol
Uso principalAnsiolítico, sedante suave, antiséptico tópico

Introducción: la planta que huele a orden

Hay plantas cuyo aroma evoca lugares concretos con una precisión que ninguna imagen podría igualar. La lavanda huele a Provenza en agosto, a cajones de ropa bien guardada, a la botica de una abuela mediterránea. Pero detrás de esa familiaridad doméstica hay una historia larga y compleja: una planta que los legionarios romanos llevaban en el equipo de campaña, que los monjes benedictinos cultivaron como remedio universal, que los herboristas medievales asociaron con la protección contra el mal de ojo y la melancolía, y que los farmacólogos del siglo XXI han sometido a ensayos clínicos rigurosos comparándola con ansiolíticos de prescripción.

Lavandula angustifolia —la lavanda común, la lavanda verdadera, la lavanda fina de la Provenza— es hoy la planta aromática más cultivada del mundo. Su aceite esencial figura en la farmacopea europea, su extracto estandarizado ha superado ensayos controlados frente a placebo y lorazepam en el tratamiento de la ansiedad leve, y su fragancia es el perfume más reconocible del planeta. Esta monografía recorre el camino desde la orilla mediterránea donde creció por primera vez hasta los laboratorios que intentan explicar, con la precisión del análisis molecular, por qué su olor calma.

lavanda propiedades, usos y secretos de esta planta aromatica

Taxonomía y descripción botánica

La familia de las aromáticas mediterráneas

Lavandula angustifolia pertenece a la familia Lamiaceae —las labiadas—, el mismo gran grupo que incluye al romero (Salvia rosmarinus), la melisa (Melissa officinalis), el tomillo, la salvia, la menta y el orégano. Las Lamiáceas son la familia aromática por excelencia del Mediterráneo, y comparten una característica anatómica que explica su riqueza en aceites esenciales: glándulas secretoras de terpenos distribuidas sobre la superficie de hojas y tallos, visibles a simple vista como pequeños puntos brillantes cuando se mira una hoja al trasluz.

El género Lavandula comprende alrededor de cuarenta y siete especies, distribuidas desde las islas Macaronésicas hasta la India, con su centro de diversidad en la cuenca mediterránea occidental. Lavandula angustifolia —cuyo epíteto específico significa «de hojas estrechas»— es la especie tipo del género, la más cultivada y la más estudiada farmacológicamente. Conviene distinguirla de sus parientes próximas:

Lavandula latifolia (espliego o lavanda macho) tiene hojas más anchas, flores más pálidas y un aceite esencial con mayor concentración de alcanfor, lo que le da un perfil más medicinal y menos cosmético. Lavandula x intermedia (lavandín) es el híbrido natural entre ambas, el más cultivado en la industria perfumera por su mayor rendimiento en aceite. El lavandín huele ligeramente diferente —más alcanforado, más potente— y no comparte exactamente el perfil farmacológico de la lavanda verdadera, aunque se comercializan con frecuencia como equivalentes.

Descripción morfológica

Lavandula angustifolia es un subarbusto perenne que puede alcanzar entre 30 y 80 centímetros de altura, con una longevidad de diez a quince años en cultivo. Sus tallos son leñosos en la base y herbáceos en la parte superior; sus hojas, largas, estrechas y de color verde grisáceo, están cubiertas de una fina vellosidad blanquecina que atrapa las gotitas de agua y le confiere ese aspecto plateado tan característico bajo la luz mediterránea.

Las flores, de color violeta azulado intenso, se disponen en espiga sobre tallos largos y erectos que superan claramente el follaje. Cada flor individual es tubular, bilabiada —el sello inequívoco de las Lamiáceas—, y contiene el néctar que atrae a los polinizadores. La floración principal ocurre de junio a agosto en las condiciones naturales de la cuenca mediterránea, aunque varía según la altitud y el microclima: en los campos de alta Provenza, a 800-1.000 metros de altitud, la floración se retrasa hasta julio, produciendo el aceite esencial de mayor calidad y precio del mercado mundial.


Origen, distribución y hábitat natural

El Mediterráneo occidental: cuna de la lavanda

Lavandula angustifolia es originaria de la cuenca mediterránea occidental: la Península Ibérica, el sur de Francia, el norte de Italia, los Balcanes occidentales y el norte de África. Crece de forma espontánea en laderas pedregosas, matorrales secos, campos de gariga y terrenos calcáreos bien drenados, preferentemente entre los 600 y los 1.800 metros de altitud. Es una planta de suelos pobres y secos: la fertilidad excesiva produce plantas con mayor follaje pero menor concentración de aceites esenciales en las flores.

La Provenza francesa —en particular el plateau de Valensole y las laderas del macizo del Luberon— es la región históricamente más asociada con el cultivo de lavanda, pero la planta crece silvestre en todo el arco mediterráneo occidental. En la Península Ibérica es abundante en los sistemas montañosos del interior: la Serranía de Cuenca, las sierras de Albacete, el Sistema Ibérico y las estribaciones del Pirineo aragonés y catalán albergan poblaciones silvestres relevantes de Lavandula angustifolia y Lavandula latifolia, a menudo creciendo juntas en los mismos taludes.

Naturalización y cultivo global

A partir del siglo XVII, la demanda de aceite esencial de lavanda para la perfumería, la cosmética y la medicina popular transformó lo que era una planta de recolección silvestre en uno de los cultivos aromáticos más extendidos del planeta. Hoy se cultiva en el sur de Australia, en Bulgaria (que produce la mitad del aceite esencial mundial), en Japón —donde los campos de Furano, en Hokkaido, se han convertido en uno de los destinos turísticos más visitados del país—, en California, en Sudáfrica y en Nueva Zelanda.

Esta expansión global ha creado un mercado complejo donde el origen geográfico de la planta influye directamente en su composición química: el aceite esencial de Lavandula angustifolia de alta altitud en Provenza o en Bulgaria tiene perfiles de linalol y acetato de linalilo significativamente diferentes del lavandín búlgaro de baja altitud o del híbrido australiano, aunque todos se vendan bajo el nombre genérico de «aceite esencial de lavanda».


Historia del uso humano

Los romanos y el lavacrum: el baño perfumado

El nombre lavanda deriva casi con certeza del latín lavare —lavar— aunque la etimología es discutida: algunos autores apuntan al adjetivo lividus (azulado), en referencia al color de las flores. La hipótesis del lavare es, sin embargo, la más sólida y la más narrativamente coherente: los romanos la usaban con profusión en sus termas, perfumando el agua de los baños públicos y privados con manojos de flores o con aceite extraído por maceración.

Plinio el Viejo la menciona en su Naturalis Historia bajo el nombre de asarum, y Dioscórides la recoge en su De Materia Medica —el gran compendio botánico que organizó el saber medicinal de la Antigüedad durante catorce siglos— recomendándola para los dolores de cabeza, los trastornos digestivos y las afecciones del sistema nervioso. Las legiones romanas la llevaban en las campañas militares como antiséptico para las heridas y como sedante para los soldados en situaciones de estrés extremo: hay registros que documentan su presencia en los botiquines de los médicos militares romanos destacados en Britania y en Germania.

El jardín monástico medieval: la lavanda como planta de la salud

Con la caída del Imperio Romano de Occidente y la fragmentación del saber médico clásico, fueron los monasterios benedictinos los que preservaron y transmitieron el conocimiento sobre las plantas medicinales. El famoso Capitulare de Villis, el decreto botánico promulgado por Carlomagno hacia el año 812, lista entre las plantas que deben cultivarse en todos los jardines imperiales tanto la lavandula como el spicum —el espliego—, lo que confirma que ambas especies estaban bien diferenciadas y eran activamente cultivadas en la Europa carolingia.

Hildegard von Bingen, la abadesa renana del siglo XII cuya obra Physica es uno de los textos de botánica médica más influyentes de la Edad Media, dedicó a la lavanda un elogio significativo. La describía como planta de «calidez moderada» —en la terminología de los cuatro humores que organizaba la medicina medieval— y la recomendaba para la melancolía, para «limpiar la cabeza» y para las afecciones del pecho. La conexión entre lavanda y estados de ánimo, que los ensayos clínicos del siglo XXI confirmarán con datos estadísticos, tiene por tanto al menos nueve siglos de historia documental continua.


Usos tradicionales: alimentación, medicina, rituales e industria

El uso médico histórico

Durante los siglos XVI y XVII, la lavanda era uno de los ingredientes más frecuentes de las farmacopeas europeas. El herborista inglés John Gerard la recomendaba en su Herball (1597) para las «palpitaciones del corazón» y las «aflicciones de la mente». Nicholas Culpeper, el famoso herborista del siglo XVII, iba más lejos y la prescribía para las convulsiones, la apoplejía y los desvanecimientos. En la Provenza del siglo XVII, la lavanda era el remedio popular por excelencia para los dolores de cabeza: bastaba con frotarse las sienes con unas gotas de aceite o con dormir sobre una almohada rellena de flores secas.

Infografía sobre el uso médico histórico de Lavandula angustifolia en los siglos XVI y XVII: John Gerard, Nicholas Culpeper, herbarios de época y preparaciones tradicionales

El Agua de la Reina de Hungría —el primer perfume occidental documentado, creado en el siglo XIV y que contenía lavanda, romero y otras Lamiáceas en una base de alcohol— se recetaba tanto como perfume de corte como como remedio médico para el reuma y los estados de debilidad nerviosa. La línea entre cosmética y medicina era, en la botica medieval y renacentista, completamente porosa.

Ilustración histórica del Agua de la Reina de Hungría, antiguo perfume medicinal con lavanda, romero y otras plantas aromáticas, usado en la botica medieval y renacentista.

El folklore protector: bolsas, varitas y el mal de ojo

En la tradición popular mediterránea y centroeuropea, la lavanda era una planta de protección. En la Provenza francesa, las mujeres cosían pequeñas bolsas de tela rellenas de flores secas —los sachets de lavande— y las colocaban entre la ropa en los cajones y armarios, combinando la función práctica de repelente de polilla con el significado simbólico de protección del hogar. La misma costumbre existe en el folclore inglés y en la tradición popular española de Castilla y Aragón.

En algunas zonas de Italia y del sur de Francia, los ramos de lavanda seca se colgaban sobre las puertas de las casas en la fiesta de San Juan —el 24 de junio, que coincide aproximadamente con el comienzo de la floración— como protección contra el mal de ojo, los espíritus malignos y las enfermedades del verano. Esta asociación entre lavanda y protección sobrenatural tiene probablemente raíces en su uso como desinfectante y repelente de insectos: en las épocas en que la relación entre suciedad, insectos y enfermedad no estaba establecida científicamente, una planta que mantenía alejados a los insectos y perfumaba los espacios podía fácilmente interpretarse como una planta que ahuyentaba fuerzas invisibles.

La industria de la perfumería: Grasse y la lavanda como materia prima

Desde el siglo XVI, la ciudad de Grasse —en las colinas del interior de la Côte d’Azur— fue el centro mundial de la perfumería, y la lavanda uno de sus ingredientes estrella. La industria perfumera desarrolló técnicas de extracción cada vez más precisas: la maceración en aceite de grasa (enfleurage), la destilación por arrastre de vapor y, más recientemente, la extracción por CO₂ supercrítico. Cada método produce un extracto con un perfil aromático ligeramente diferente y con distinta concentración de los compuestos activos que interesan a la farmacología moderna.


Cultivo y recolección

Condiciones de cultivo

Lavandula angustifolia es una planta de temperamento mediterráneo: necesita sol pleno, suelos bien drenados, preferentemente calcáreos, y tolera la sequía con notable estoicismo. Lo que no tolera es el encharcamiento: las raíces de lavanda en suelo pesado y húmedo desarrollan pudrición radicular en pocas semanas. Es resistente al frío —puede soportar heladas de hasta −15 °C una vez establecida—, pero sensible a la humedad excesiva en invierno.

Para el cultivo doméstico, los errores más frecuentes son exactamente los opuestos a los que se cometerían con la mayoría de las plantas de jardín: regar demasiado, abonar en exceso y plantar en sombra parcial. Una lavanda bien establecida en un suelo pobre, seco y soleado no solo sobrevive mejor, sino que produce flores con mayor concentración de aceites esenciales que una planta sobrealimentada en tierra rica.

Temporada de recolección y procesado

La recolección de las flores para uso medicinal debe realizarse en el momento en que las espigas están a un tercio o a la mitad de su floración —es decir, cuando la parte inferior de la espiga ha abierto sus flores pero la superior todavía está en capullo. En ese momento la concentración de linalol y acetato de linalilo en las flores es máxima. Una recolección tardía, cuando toda la espiga está en plena floración, produce mayor volumen pero menor calidad química.

Para el secado casero, los tallos cortados se atan en manojos pequeños y se cuelgan boca abajo en un lugar oscuro, seco y bien ventilado durante dos o tres semanas. La oscuridad es importante: la luz UV degrada los terpenos y decolora las flores. El material correctamente seco puede conservarse en frascos de vidrio herméticos durante dieciocho meses sin pérdida significativa de sus propiedades.


Composición química y propiedades relevantes

Linalol y acetato de linalilo: los compuestos estrella

El aceite esencial de Lavandula angustifolia de alta calidad está compuesto en un 25–45 % de linalol y en un 25–45 % de acetato de linalilo, con concentraciones variables de 1,8-cineol (eucaliptol), alcanfor, β-ocimeno, terpinen-4-ol y una larga lista de monoterpenos y sesquiterpenos menores. La proporción entre linalol y acetato de linalilo varía con la altitud: los aceites de alta montaña tienen más acetato de linalilo y menos alcanfor, lo que les confiere un perfil más suave, más dulce y farmacológicamente más relevante para los usos ansiolíticos y sedantes.

El linalol actúa sobre el sistema nervioso central a través de varios mecanismos identificados: modula los receptores GABA-A (el mismo sistema sobre el que actúan las benzodiacepinas), inhibe los receptores NMDA del glutamato y reduce la activación del sistema nervioso simpático. Lo notable de estos mecanismos es que son consistentes con el uso histórico de la lavanda como calmante: una planta que la tradición europea usó durante dos milenios para «aquietar la mente» resulta tener principios activos que actúan precisamente sobre los receptores del sistema nervioso que regulan la ansiedad y el sueño.

El ensayo Silexan: lavanda frente a lorazepam

El dato farmacológico más relevante —y el que distingue este artículo de la mayoría de los disponibles en español sobre lavanda— es el ensayo clínico del extracto estandarizado de aceite esencial de lavanda conocido comercialmente como Silexan. Un estudio aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo publicado en Phytomedicine en 2010 (Woelk & Schläfke) evaluó 77 pacientes con trastorno de ansiedad generalizada leve a moderada. Los pacientes recibieron durante seis semanas o bien Silexan 80 mg/día, o bien lorazepam 0,5 mg/día —una benzodiacepina de uso habitual para la ansiedad. Los resultados mostraron una reducción comparable en la escala de ansiedad de Hamilton (HAM-A) en ambos grupos: el extracto de lavanda funcionó tan bien como el lorazepam en este perfil de paciente, sin los efectos secundarios de sedación y sin el riesgo de dependencia asociados a las benzodiacepinas.

Este es un resultado infrecuente en fitoterapia: la mayoría de los estudios de plantas medicinales muestran eficacia «superior a placebo» pero raramente se atreven a la comparación directa con fármacos de referencia. La EMA (Agencia Europea de Medicamentos) ha reconocido el uso bien establecido del aceite esencial de lavanda para el alivio de los síntomas de estrés y ansiedad leve en adultos, con base en la totalidad de la evidencia disponible.


Aceite esencial de lavanda: composición y usos terapéuticos

El aceite esencial de lavanda es uno de los pocos aceites esenciales que la EMA considera seguro para uso oral a las dosis terapéuticas documentadas —una excepción notable en un mundo donde la mayoría de los aceites esenciales solo se recomiendan para uso tópico o aromático. El Silexan es un extracto estandarizado en cápsulas de gelatina blanda de 80 mg, formulado específicamente para garantizar una concentración constante de los principios activos.

Para uso aromático, la inhalación de aceite esencial de lavanda —mediante difusor o mediante la simple aplicación de unas gotas en la almohada— tiene evidencia de eficacia modesta pero consistente para mejorar la calidad subjetiva del sueño, especialmente en adultos mayores con insomnio leve. Los estudios de aromaterapia son metodológicamente difíciles de cegar —el olor es inconfundible—, lo que complica la interpretación de los datos, pero el mecanismo por el que el linalol inhalado alcanza el sistema nervioso central es farmacológicamente plausible y ha sido confirmado en estudios de farmacocinética.

Para uso tópico, el aceite esencial de lavanda tiene actividad antimicrobiana documentada —activo frente a Staphylococcus aureus, Escherichia coli y Candida albicans— y se ha utilizado históricamente para el tratamiento de quemaduras superficiales, picaduras y heridas menores. Debe usarse siempre diluido en un aceite vehicular (aceite de almendras, jojoba o coco) a una concentración de entre el 1 y el 3 %: la aplicación de aceite esencial puro en la piel puede producir irritación y, paradójicamente, sensibilización alérgica.


Contraindicaciones de la lavanda: aceite esencial y grupos de riesgo

Interacciones y precauciones relevantes

El aceite esencial de lavanda por vía oral está contraindicado en el embarazo y la lactancia: los datos sobre seguridad fetal son insuficientes, y la prudencia aconseja evitar cualquier uso terapéutico activo durante la gestación. En niños prepúberes, la aplicación tópica de productos con aceite esencial de lavanda ha sido asociada en varios casos clínicos publicados en New England Journal of Medicine (Henley et al., 2007) con ginecomastia prepuberal reversible, posiblemente por la actividad estrogénica débil del linalol y el acetato de linalilo. Aunque el fenómeno es raro y los casos documentados se resolvieron al interrumpir la exposición, este dato desaconseja el uso habitual de productos con alto contenido en aceite esencial de lavanda en niños de corta edad.

Como todas las plantas con actividad GABAérgica, la lavanda potencia el efecto de los sedantes, las benzodiacepinas y el alcohol. No se recomienda conducir vehículos o manejar maquinaria si se combinan preparados de lavanda con sedantes farmacológicos.

Alergias y sensibilización

La alergia de contacto al aceite esencial de lavanda es más frecuente de lo que habitualmente se asume. El linalol oxidado —es decir, el linalol que ha reaccionado con el oxígeno del aire en un frasco mal cerrado o almacenado incorrectamente— es un alérgeno de contacto conocido y figura en la lista de los 26 alérgenos de declaración obligatoria en cosmética según la regulación europea. Un aceite esencial de lavanda almacenado durante más de un año en un frasco abierto o expuesto a la luz puede tener una concentración de linalol oxidado suficiente para inducir dermatitis de contacto en personas sensibles.

Aviso médico: La información contenida en este artículo tiene carácter exclusivamente histórico, cultural y divulgativo. No sustituye bajo ninguna circunstancia el diagnóstico, el consejo ni el tratamiento de un profesional de la salud. Los preparados de aceite esencial de lavanda por vía oral son medicamentos con indicaciones y dosis específicas; consulte con su médico o farmacéutico antes de utilizarlos.


Curiosidades etnobotánicas

Rene-Maurice Gattefossé, el químico francés que acuñó el término «aromaterapia» en 1937, cuenta en su libro fundacional que descubrió las propiedades curativas del aceite esencial de lavanda de forma accidental: tras quemarse la mano gravemente en un incidente de laboratorio, la introdujo de forma instintiva en el recipiente de aceite esencial más próximo, que resultó ser lavanda. La quemadura cicatrizó con rapidez y sin infección, lo que lo llevó a investigar sistemáticamente las propiedades antisépticas de los aceites esenciales. La historia, que los seguidores de la aromaterapia repiten como leyenda fundacional, tiene la estructura perfecta de un mito científico: el accidente que abre una nueva disciplina. Sea o no completamente exacta en sus detalles, apunta hacia una propiedad real de la lavanda —la actividad antimicrobiana— que la ciencia posterior confirmaría.

Durante la Primera Guerra Mundial, con escasez grave de antisépticos farmacéuticos en los hospitales de campaña, los médicos militares franceses recurrieron al aceite esencial de lavanda —y al aceite de tomillo— para desinfectar instrumentos y heridas. Los registros de varios hospitales militares de la época documentan el uso de soluciones acuosas de aceite esencial de lavanda como antiséptico de herida cuando el alcohol yodado era inaccesible.

En Japón, los campos de lavanda de Furano (Hokkaido) se plantaron en los años 1940 como parte del programa gubernamental de sustitución de importaciones de aceite esencial de lavanda para la industria perfumera. Cuando la importación de aceite francés se volvió más económica en los años 60, los campos fueron casi totalmente abandonados. Fueron recuperados en los años 70 como atracción turística, y hoy son uno de los destinos fotográficos más visitados de Japón: un ejemplo de cómo una planta utilitaria puede reconvertirse en paisaje cultural.


Conclusión

La lavanda es un caso extraordinario de coherencia histórica: una planta que los romanos usaban para sus baños, que los monjes medievales cultivaban como remedio nervioso, que el folclore provenzal guardaba en sus cajones como protección y perfume, y que los farmacólogos del siglo XXI han sometido a ensayos controlados que confirman, con la precisión del análisis estadístico, lo que dos milenios de práctica popular ya sabían de forma empírica. No hay muchas plantas que puedan decir lo mismo.

Lo que hace especialmente relevante el caso de la lavanda desde una perspectiva etnobotánica es precisamente esa continuidad: el olor que calmaba al soldado romano en su tienda de campaña y el extracto de Silexan que redujo la ansiedad en los pacientes de los ensayos clínicos del siglo XXI actúan a través de los mismos mecanismos moleculares, aunque los primeros lo desconocieran y los segundos lo hayan medido con precisión milimétrica. La tradición, en este caso, no era superstición ni placebo: era observación acumulada durante generaciones que apuntaba, con torpeza pero con consistencia, hacia algo real.

El reto, como siempre en etnobotánica, es resistir dos tentaciones opuestas: la de romantizar la tradición atribuyéndole más sabiduría de la que tenía, y la de descartarla como ignorancia pintoresca. La lavanda —con sus dos mil años de historia documentada, su ensayo clínico frente a lorazepam y su alerta de ginecomastia infantil— merece exactamente la actitud intermedia: respeto riguroso, entusiasmo crítico y la curiosidad de quien sabe que la naturaleza lleva milenios haciendo experimentos que nosotros apenas empezamos a entender.


Preguntas frecuentes sobre la lavanda

¿La lavanda tiene el mismo efecto que un ansiolítico?

No exactamente, pero la comparación es más legítima de lo que parece. El extracto estandarizado de aceite esencial de lavanda Silexan mostró en un ensayo clínico controlado una eficacia comparable a la del lorazepam 0,5 mg/día en pacientes con ansiedad leve a moderada durante seis semanas, sin los efectos secundarios de sedación excesiva ni el riesgo de dependencia propios de las benzodiacepinas. Esto no significa que la lavanda sea equivalente a los ansiolíticos de prescripción en todos los contextos: en trastornos de ansiedad severos o crónicos, la evaluación médica y el tratamiento farmacológico adecuado son insustituibles. Lo que sí indica es que, para la ansiedad leve cotidiana, la lavanda tiene una base clínica real, no solo folclórica.

¿Se puede ingerir el aceite esencial de lavanda?

Depende del tipo de preparado. El aceite esencial puro de lavanda no debe ingerirse sin prescripción médica: su alta concentración de linalol puede resultar tóxica a dosis elevadas, especialmente en niños. Lo que sí puede tomarse por vía oral son los preparados farmacéuticos estandarizados —como el Silexan y productos similares disponibles en farmacias— que contienen dosis precisas de aceite esencial microencapsulado en cápsulas de gelatina blanda. La diferencia entre el aceite esencial del frasco de aromaterapia y un preparado farmacéutico oral estandarizado no es trivial: la concentración, la dosis y la biodisponibilidad son completamente distintas.

¿Qué diferencia hay entre lavanda y espliego?

Son dos especies distintas del mismo género, con perfiles aromáticos y farmacológicos diferentes. Lavandula angustifolia (lavanda verdadera, lavanda fina) tiene flores de color violeta intenso, hojas estrechas y un aceite esencial rico en acetato de linalilo, con perfil dulce y bajo en alcanfor. Lavandula latifolia (espliego, lavanda macho, lavanda de los campos) tiene flores más pálidas, hojas más anchas y un aceite con mayor concentración de alcanfor y 1,8-cineol, lo que le confiere un perfil más medicinal, más «mentolado» y más irritante para las mucosas. En la tradición popular española, el espliego era la planta de uso más común en zonas de interior —crece a menor altitud y es más abundante en la meseta— mientras que la lavanda verdadera era más escasa y más apreciada. El lavandín (Lavandula x intermedia), el híbrido entre ambas, es el más cultivado industrialmente pero el de menor interés farmacológico específico.


Fuentes y lecturas recomendadas:


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